MISIONES JESUITICAS
Los misioneros católicos de la Compañía de Jesús -más conocidos como jesuitas- dejaron el significado de su misión latente en las numerosas construcciones que se levantan a lo largo de la provincia de Misiones y en algunos sitios específicos de Brasil y Paraguay. Los jesuitas fundaron treinta pueblos durante el siglo XVI, constituyendo de ese modo la gesta evangelizadora más extraordinaria de América, cuya organización todavía hoy asombra al mundo entero.
Las ruinas más importantes son las de San Ignacio Miní, que datan del año 1695 y se encuentran a 60 kilómetros de Posadas y a 237 de Puerto Iguazú. Antes de conocerlas pensaba encontrarme con un pequeño conjunto de piedras gastadas por el paso del tiempo, pero la realidad fue otra y las ruinas se presentaron realmente como testigos directos de aquella civilización tan maltratada por sus contemporáneos. La conservación de las edificaciones es muy buena, en gran medida por los trabajos de restauración que se llevan a cabo periódicamente. Deambulando entre sus muros y pórticos labrados me sentí prisionero del pasado. Pero no de un pasado cualquiera, sino de uno más bien místico, en el que el aire transportaba sabiduría y divinidad, conjugándose todo en una sensación parecida a la que se experimenta en el interior de una vieja y gran iglesia, rodeado de silencio y devoción.
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En su apogeo, San Ignacio Miní llegó a tener más de 3.300 habitantes y su cercanía con el río Paraná le permitió mantener una estrecha relación de intercambios con los demás pueblos de la misión. Uno de ellos era lo que hoy son las ruinas de Nuestra Señora de Loreto. Este pueblo, fundado en 1632, fue uno de los establecimientos jesuíticos más importantes debido a su excelente producción de lienzos y yerba mate y, sobre todo, por ser el sitio donde funcionó la primer imprenta de la época.
Quizá la más descuidada de las ruinas jesuitas de Misiones sea la de Santa Ana. Allí se puede ver cómo la selva hambrienta comenzó a devorar los cimientos del emplazamiento. Algunos árboles crecen pegados a los muros y, entre las uniones de las piedras que los forman, se aprecian rastros de una vegetación que poco a poco va abrazando celosamente todo el lugar. La misma situación ocurre en la misión de Santa María la Mayor, situada al otro lado de la provincia, cerca del río Uruguay. Aquí también los muros y construcciones son presa fácil para la selva que avanza a paso firme. Santa María estaba en plena etapa de consolidación cuando en 1767 los españoles expulsaron a los jesuitas, por lo que algunos de sus edificios nunca fueron terminados.
Para quienes quieran visitar las ruinas más detenidamente, existen los recientemente construidos Centros de Interpretación, ubicados cerca de San Ignacio Miní, cuya finalidad es brindar apoyo y protección tanto a los visitantes comunes como a los investigadores. Estos centros están provistos de servicios básicos y material didáctico conseguido a través de los trabajos arqueológicos desarrollados en la zona.
Fuente: Diego Carnio - www.almundo.com