LITERATURA
ENSAYO
Paraguay cuenta con una rica e influyente producción ensayística a lo largo de todo este siglo, especialmente significativa hasta mediados de la década del 50 cuando la narrativa, y en particular la concebida y publicada en el exilio, empieza a incorporar a la ficción ciertos núcleos temáticos provenientes de la historia paraguaya, pasada o presente, hasta entonces de dominio casi exclusivo del ensayo histórico, político, biográfico, filosófico, etc.
Como en otros países de Latinoamérica, el contexto histórico-político-cultural de las primeras cuatro décadas de nuestro siglo explican parcialmente el hecho de que el ensayo fuera el género literario predominante de esos años y que incluso después continuara siendo uno de los géneros más fecundos de la literatura paraguaya. En el caso específico del Paraguay, dichas coordenadas contextuales incluyen, desde fines del siglo pasado hasta fines de la década de 1980: dos guerras internacionales (la Guerra de la Triple Alianza o Guerra del 70, contra Uruguay, Brasil y Argentina, 1864-1870, y la Guerra del Chaco contra Bolivia, 1932-1935), una guerra civil (la Revolución de 1947) y los casi 35 años de la dictadura del general Alfredo Stroessner (1955-1989).
NARRATIVA
La narrativa ha sido el género menos prolífico de la literatura paraguaya y el más afectado por el contexto histórico-político nacional. Hasta mediados del siglo predomina el ensayo histórico y en la escasa producción narrativa del período tienden a prevalecer, como en el ensayo, las corrientes romántico-nacionalistas de exaltación del pasado y de afirmación de los valores espirituales del pueblo paraguayo, heroico sobreviviente de la catástrofe de la Guerra Grande (o Guerra de la Triple Alianza: 1864-1870).
La narrativa paraguaya recién empieza a adquirir distinción y atención internacional en la década del 50, con la aparición en Buenos Aires de tres obras --La Babosa (novela, 1952) de Gabriel Casaccia, Follaje en los ojos (novela, 1952) de José María Rivarola Matto y El trueno entre las hojas (1953), la primera colección de cuentos de Augusto Roa Bastos-- que rompen con las tendencias narcisistas y mitificadoras prevalecientes y reincorporan a la ficción el realismo crítico inaugurado por Rafael Barrett a principios de siglo pero prácticamente ausente en la narrativa publicada hasta entonces dentro del país.
Las coordenadas histórico-políticas de los últimos 50 años dificultan, y también explican, la producción narrativa paraguaya. En ese lapso el país ha pasado por una sangrienta guerra civil (Revolución de 1947) y ha soportado una de las dictaduras más largas de la historia americana (la del general Stroessner, 1955-1989).
No debe sorprender entonces que las obras actualmente más conocidas hayan sido concebidas y publicadas en el exilio. En efecto, lejos de la represión y censura vigentes en su país, los escritores exiliados pueden expresarse libremente y desarrollar sin trabas una narrativa artísticamente elaborada, a tono con el momento histórico presente y de contenido socio-político significativo. De ahí que sea en las obras de esos expatriados --Rubén Bareiro Saguier, Gabriel Casaccia, Rodrigo Díaz-Pérez, Augusto Roa Bastos, Lincoln Silva, etc.-- donde se van a encontrar tanto el planteamiento más directo como el reflejo más fiel de la problemática nacional de las últimas cuatro décadas.
Gabriel Casaccia, iniciador de la narrativa paraguaya contemporánea, recupera de manera crítica varias décadas de descomposición moral y corrupción política en tres novelas: La Babosa, La llaga (1963) y Los herederos (1975), y dedica Los exiliados (1966) a tocar el tema del exilio político, prácticamente inexplorado en la narrativa intrafronteras.
Augusto Roa Bastos, Premio Cervantes 1989 y uno de los escritores hispanoamericanos más destacados, examina el presente y el pasado nacionales a lo largo de coordenadas histórico-políticas en Hijo de hombre (1960) --novela del dolor paraguayo y uno de los textos más importantes de la narrativa hispanoamericana contemporánea-- y en Yo el Supremo (1974), su segunda y más famosa novela, narrada desde la ubicua perspectiva del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, primer dictador paraguayo y una de las figuras más controversiales de la historia nacional.
Productos del destierro son también dos obras inspiradas en la problemática nacional: El collar sobre el río (cuentos) de Carlos Garcete y El invierno de Gunter (novela) de Juan Manuel Marcos, ambas publicadas en 1987.
Durante los últimos años han aparecido algunas obras que exploran en profundidad ciertas llagas dolorosas de la realidad paraguaya y en donde la crítica a menudo se vuelve denuncia condenatoria del régimen dictatorial represivo y asfixiante de más de tres décadas. Entre éstas hay que mencionar en particular: Celda 12 (1991) de Moncho Azuaga; La Seca y otros cuentos (1986), Los nudos del silencio (1988), Por el ojo de la cerradura (cuentos, 1993) y Desde el encendido corazón del monte (cuentos ecológicos, 1994) de Renée Ferrer; Diagonal de sangre (1986) y La isla sin mar (1987) de Juan Bautista Rivarola Matto; Sin testigos de Roberto Thompson Molinas y En busca del hueso perdido: Tratado de paraguayología (1990) de Helio Vera, prácticamente todas premiadas o finalistas en concursos nacionales de narrativa.
POESIA
Aunque el Paraguay de las últimas décadas no ha sido suelo propicio para la creación artística en general, la poesía siempre ha sido el género literario más prolífico de las letras paraguayas.
Los dos poetas paraguayos de mayor renombre internacional, Hérib Campos Cervera (1905-1953) y Elvio Romero (1926), han escrito prácticamente toda su obra en el exilio, ambos en Buenos Aires. Considerado el poeta más importante de la promoción de 1940, Campos Cervera es también uno de los tres escritores de dicho grupo (con Josefina Plá y Augusto Roa Bastos) que mayor influencia han tenido en la literatura paraguaya contemporánea.
De 1960 a esta parte se perfilan varios grupos que, en mayor o menor grado, han sido fuertemente marcados por la dictadura, realidad del contexto político y cultural que les ha tocado vivir. Los integrantes de la llamada promoción del 60 (Esteban Cabañas, Miguel Angel Fernández, Francisco Pérez Maricevich y Roque Vallejos, entre otros), iniciada bajo la dirección de Josefina Plá, nacen entre 1937 y 1943, y preconizan, en general, una poesía política y socialmente significativa. A fines de esa misma década, y dentro del marco temporal de los movimientos estudiantiles contestatarios del 68, aparece un grupo de poetas conocido como el "Grupo de Criterio" por aglutinarse en torno a la Revista Criterio (1966-1971) por ellos publicada. La mayoría de los miembros de este escriben una poesía política de reivindicación social, de comunicación y amor hacia los demás, y prácticamente todos son víctimas de la represión dictatorial que causa la dispersión casi total del grupo.
La represión política recrudece a lo largo de los años 70 y a fines de la década aparecen las primeras obras de un grupo de poetas que comparten la triste suerte de haber nacido y crecido en las décadas del 50 y 60, en plena dictadura, y también la alegría de haber presenciado el fin de dicho régimen dictatorial y el restablecimiento democrático en su patria en 1989. Estos jóvenes poetas integran la promoción del 80 y la mayoría forma parte del "Taller de Poesía Manuel Ortiz Guerrero", creado bajo el patrocinio de la Embajada de España en Paraguay.
TEATRO
Durante la primera mitad del siglo XX, la historia del teatro paraguayo no cuenta con muchos nombres que hayan trascendido las fronteras nacionales, con la posible excepción de Josefina Plá quien, además de ser autora y co-autora (con Roque Centurión Miranda) de varias obras teatrales, está entre los críticos que más han estudiado el teatro paraguayo. Como en otros países de Latinoamérica, razones de orden histórico-político y económico-social explican parcialmente el hecho de que el teatro haya sido, y continúe siendo, el género menos fecundo de la literatura paraguaya.
De enorme significación cultural para un país bilingüe como el Paraguay es la producción teatral de Julio Correa, autor de gran mérito e iniciador, en la década del 30, del teatro en guaraní en obras inspiradas en el contexto histórico-político de esos años, y en particular en la Guerra del Chaco. Otros representantes del teatro en guaraní de esa época son Francisco Barrios, Roque Centurión Miranda y Luis Ruffinelli.
Durante las últimas cuatro décadas, entre los autores de obras más representadas, tanto dentro como fuera del país, se destacan en particular: Ernesto Báez, Mario Halley Mora, el más prolífico de este período y autor de varias piezas en "yopará" (voc. guaraní que significa "mezclado"), i.e., en español y guaraní; Alcibiades González Delvalle, tal vez el dramaturgo más polémico y controversial de los años ochenta; Ovidio Benítez Pereira, José María Rivarola Matto y Julio César Troche, para mencionar sólo a los más conocidos actualmente.
Fuente: Teresa Méndez-Faith: BREVE DICCIONARIO DE LA LITERATURA PARAGUAYA, Editorial El Lector - Paraguay, 1994